jueves, 30 de abril de 2009

Un diálogo que resultó verdadero: El coronel Moscardó y su hijo Luis


Mi señor padre
Tte 1ro Res D Juan Carlos Lavado Cárdenas y Ruíz Rojas

me lo enseñó con su ejemplo:

"Mas vale morir de pié, que vivir de rodillas.
Haced las cosas pequeñas como si fueran grandes,
así podréis hacer las grandes como si fueran pequeñas" 

“...encomienda tu alma a Dios, da un viva a España y serás un héroe…”

En la defensa del Alcázar de Toledo – durante la gesta nacional de 1939- destaca el sacrificio del hijo del Coronel Moscardó, jefe militar de la fortaleza asediada, quien renunció a salvarlo para sostener su posición. Se ha puesto en duda la veracidad del hecho. El autor demuestra que ocurrió tal como lo conocíamos.

Por el P. Eduardo Montes


Uno de los sucesos más conocidos de toda la Guerra Civil española (1936-1939) 
fue el asedio y defensa del Alcázar de Toledo.


Lo que comenzó el 17 de julio de 1936 fue la sublevación de una parte del Ejército, no tanto contra su Gobierno como contra un proceso revolucionario del que formaba parte la ocupación del poder político, que se había iniciado tras el falseamiento de las elecciones de febrero del mismo año.

Y así el 21 de julio la guarnición de Toledo mandada por el Coronel don José Moscardó Ituarte se sumaba a la rebelión a la que, con fortuna desigual, se habían unido otras agrupaciones militares de diversos lugares del país.

La llegada de fuerzas militares y de milicias comunistas, socialistas y anarquistas procedentes de la cercana capital de España (Madrid se encuentra a 70 kilómetros de Toledo) determinó que los sublevados buscaran refugio en la fortaleza situada en la parte más alta de la ciudad: “el Alcázar”. Allí tendría lugar una resistencia verdaderamente épica que se prolongó hasta los últimos días de septiembre y en la que abundaron los episodios dignos de interés.

Por su especial siginifado histórico y emocional nos vamos a centrar exclusivamente en uno de estos sucesos: la conversación telefónica entre quien estaba al mando de la defensa del Alcázar, Coronel Moscardó, y su hijo Luis, hecho prisionero por las milicias que se disponían a asaltarlo. En dicha conversación el jefe de las milicias presionó a Moscardó para que se rindiera amenazándole con el fusilamiento de su hijo allí presente. Para dar más fuerza a la maniobra el jefe miliciano pasó el teléfono a Luis Moscardó quien mantuvo un breve diálogo con su padre. Las palabras finales del Coronel a su hijo fueron: “...encomienda tu alma a Dios, da un viva a España y serás un héroe que muere por ella. ¡Adiós hijo mio, un beso muy fuerte!” y, dirigiéndose al jefe de las milicias, fue terminante: “Puede ahorrarse el plazo que me ha dado y fusilar a mi hijo, el Alcázar no se rendirá jamás”.

El Coronel Moscardó entre las ruinas del Alcázar

Con variantes accidentales este es el hecho cuya historicidad no sería negada hasta fines de los años 50 por diversos autores entre los que podemos citar a Luis Quintanilla, que lo hizo en “El Socialista” de Toulouse el 26 de septiembre de 1957 sirviéndose del seudónimo de Pedro Isasi, y a Herbert R. Soutworth en su obra “El mito de la cruzada de Franco”. A ellos se han ido agregando otros que han buscado apoyo para su tesis en las divergencias entre los relatos del hecho o en contradicciones que dicen hallar en los mismos.

¿Ante este conjunto de negaciones en qué nos basamos para afirmar la historicidad de la conversación tal como ha llegado a nosotros?
Ante todo, como en cualquier otro hecho histórico, en los testimonios de los que estaban en el Alcázar cuando la conversación tuvo lugar. Hagamos un breve resumen:


1) El Diario de uno de los defensores: Nos referimos al Teniente Enríquez de Salamanca que murió durante el asedio y cuya obra fue publicada póstumamente. Dicho Diario recoge lo substancial de la conversación en el apartado correspondiente al 23 de julio[1].

2) Los encargados de las Transmisiones del Alcázar. Así el jefe de las mismas, Teniente Barber, que escuchó la conversación desde la centralita y facilitó su texto para el libro “El asedio del Alcázar de Toledo”[2].
Y sobre todo el testimonio del soldado telefonista José Luis Fernández Cela que, junto con el Coronel Moscardó, fue el único que pudo oír la conversación en todas sus partes. El soldado en cuestión ha venido insistiendo vehementemente en la veracidad del hecho del que fue testigo privilegiado muchos años después de concluir su servicio militar, de palabra y por escrito[3].


3) Y, sobre todo, el testimonio del propio Coronel Moscardó en cuyo archivo personal se encuentran, entre otras cosas, un Cuaderno en el que va anotando las vicisitudes más destacadas de cada jornada y en el que al llegar el día 23 de julio de 1936 puede leerse un resumen de la conversación. En el mismo archivo, y de forma más desarrollada y expresiva, se contiene una carta del Coronel Moscardó a su esposa en la que narra la conversación y no creemos razonable que fuera a mentir a su mujer sobre un tema tan delicado en una carta privada que ha permanecido inédita durante 60 años.

Francisco Franco y el Coronel Moscardó

Es precisamente esta documentación la que provoca la siguiente declaración del escritor Philippe Nourry, colaborador de “Le Point” y autor del libro “Francisco Franco. La conquista del poder”, contenida en una carta firmada el 14 de junio de 1983 y guardada en el archivo Moscardó: «Je suis désolé, en effet, d’avoir commis cette erreur concernant la matérialité de la conversation téléphonique entre le Colonel Moscardo et son fils Luis. Je conçois qu’il doit être très pénible pour la famille du Colonel de constater qu’un doute continue de planer sur cet épisode glorieux et dramatique de la guerre civile, alors que l’extrait des carnets de Moscardo que vous venez de m’envoyer, apporte évidemment la preuve irréfutable de la véracité du fait».

No podemos concluir este resumen sin recordar que, como es sabido, el Alcázar no se rindió y la amenaza telefónica se cumplió: pocas semanas después de la conversación el joven Luis Moscardó fue fusilado en Toledo.

Esperamos que estas líneas sirvan de respuesta a quienes al negar la veracidad del hecho de la conversación objeto de nuestro estudio despojan a este episodio de la Guerra Civil española de uno de sus rasgos más heroicos. En toda guerra abundan por desgracia los crímenes más horribles y por eso mismo no deja de ser consolador comprobar, con los documentos probatorios ante nuestra vista, que, aun en medio de tantos horrores, puede prevalecer e imponerse el fondo de generosidad e idealismo que todo hombre puede conservar incluso rodeado de las más adversas circunstancias.

Am I a soldier of the cross


Am I a soldier of the cross,
A follower of the Lamb,
And shall I fear to own His cause,
Or blush to speak His Name?
Must I be carried to the skies
On flowery beds of ease,
While others fought to win the prize,
And sailed through bloody seas?
Are there no foes for me to face?
Must I not stem the flood?
Is this vile world a friend to grace,
To help me on to God?
Sure I must fight if I would reign;
Increase my courage,
Lord.I’ll bear the toil,
endure the pain,
Supported by Thy Word.
Thy saints in all this glorious war
Shall conquer,
though they die;
They see the triumph from afar,
By faith’s discerning eye.
When that illustrious day shall rise,
And all Thy armies shine
In robes of victory through the skies,
The glory shall be Thine.

sábado, 18 de abril de 2009

EL VIEJO BUENOS AIRES - TIPOS DE ANTAÑO - BENJAMÍN ROQUÉ (“EL PAYO”)

Edouard Reyer La Nación 4/8/1940
Director del periódico “La Roncha”, id propietario del primer periódico social “¡Piff! ¡Paff!” y del “¡Piff Paff!” en Paris, id del periódico “Menssagger Americain” id del “Buenos Aires Sport”, id de la revista “América” publicada en honor del Hon. Eliu Root, id del “ALBUM DE LA REPUBLICA ARGENTINA EN 1906 y 1907”
“lo conocía de reputación porque, ¿Qué “gringo” llegado pocos meses antes a Buenos Aires, hubiera osado pretender no haber oído ese nombre cabalístico: Roqué?. No se podía evocar al ex Presidente Juarez Célman, si que imperiosa, tiránicamente, surgiera en el espíritu el nombre de Roqué, su Fidus “Achatés” .
“ A su llegada a Europa, Roqué fue huésped de Lord Carnarvon y el proteiforme director del “¡Piff! ¡ Paff! Por la pluma de un periodista del Italy Telegraph” fue metamorfoseado en “Conde Benjamín Roqué”-
“¿y su aventura con Leopoldo II Rey de los Belgas. Era en el Elysée Palace Hotel, de Paris. Cerraban ya la puerta del ascensor cuando Roqué llegó corriendo y se precipitó en el “lift” empujando a un señor de luengas barbas blancas. Sombrero en mano Roqué pidió disculpas. En el primer piso el señor de barbas blancas se bajó.

-Es el Rey de Bélgica – dijo alguien, a su vecino.
-¡El Rey de Bélgica! Exclamó Roqué, y corrió a alcanzarlo. ¡Sire! ¡Sire!.

Poco después, el “Conde Benjamín Roqué”, daba un apretón de manos a Leopoldo II.

He aquí una última y muy sugestiva anécdota para demostrar la universalidad de la relaciones de Roqué, quien fue casi tan conocido como en la calle Florida, el los grandes “boulevards” pariciences.
Cierto día en un salón del hotel Ritz, plaza Vendóme, el director de “¡Piff! ¡Paff!, sumergido en un sillón conversaba con una notable personalidad de la República Argentina. Pasa un señor y al ver que a Roqué le hace un gran saludo. Este se levanta de su asiento y le contesta con uno de esos saludos de los cuales el solo conocía el secreto. Luego volviendo a sentarse, dice a su interlocutor:

-¿conoce usted a ese señor?
-No, un” yanqui” supongo?
-Si es Vanderbilt.


En su homenaje
Tango Shusheta (El aristócrata)
Música:
Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo

Su sobrino nieto
† Dr.Don Carlos Gustavo Lavado Roqué Lascano
Comandante Gran Maestre Orden de Loyola

viernes, 10 de abril de 2009

La Bandera Histórica de la Guardia Nacional




priorato general de argentina

Ya durante la colonia existían milicias y tercios de voluntarios compuestos por Vecinos de la Ciudad, los que se reunían los fines de semana y practicaban, al mando de Oficiales de la Guarnición, marchas, movimientos y ejercicios de combate. Entre sus instructores se contó con el Capitán Don Juan de SAN MARTÍN, padre del Libertador.

Hasta que el Gral Belgrano creó la Bandera Nacional, en 1812, las tropas y cuerpos militares de las Provincias Unidas utilizaban las banderas y estandartes aprobados por las Reales Ordenanzas. Las banderas estaban compuestas por la Cruz de San Andrés, de color rojo-bordó, sobre un paño cuadrado y, en cada extremo de dicha Cruz, el escudo de la ciudad a la que pertenecía el cuerpo, pudiendo tener leyendas tales como los nombre de la ciudad y del cuerpo y fechas.

La Guardia Nacional, creada en 1811, utilizó la Bandera compuesta por los elementos ya citados, llevando como escudo es que don Juan de Garay le dio a la Ciudad de Buenos Aires y que consta de un águila negra, coronada de oro, con cuatro aguiluchos a sus pies y una Cruz Calatrava de gules, sostenida por la mano derecha, la que sobrepasa la corona.


El águila, que está coronada, está obligada a mirar a la siniestra pAñadir imagenara poder colocar la Cruz de Calavara a la diestra, tratando de no alterar la armonía del conjunto, y haciéndola superar la corona, aludiendo con esta singularización a la misión encomendada por sus Católicas Majestades a los conquistadores, que debían anteponer a todo la evangelización e imposición del signo de la Fe a los naturales.En el campo superior y en letras plateadas lleva la leyenda "Guardia Nacional 1811" y en el inferior "Buenos Aires".



La Unión de Oficiales de Reserva de las Fuerzas Armadas de la Nación, heredera de las viejas glorias de la Guardia Nacional, posee en custodia la réplica de la Bandera Histórica, donada por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y entregada por el señor Jefe de Estado Mayor General del Ejercito en ceremonia militar llevada a cabo en Plaza de Armas del Regimiento de Infantería 1 "Patricios" el día 14 de agosto de 1991, y encabeza junto con la Bandera de Guerra los desfiles y ceremonias en que intervienen sus integrantes.


miércoles, 8 de abril de 2009

Ascendientes de Ignacio de Loyola. Señores de las casas Oñaz , Loyola y Lazcano.1ra Parte

LOYOLA. Oñaz Loyola

El escudo de Oñaz (*), formado por siete bandas rojas sobre campo de oro. Estas bandas rojas del escudo reflejan la participación de Juan Pérez de Loyola y de otros seis hermanos, todos ellos de la quinta generación anterior a la de Iñigo, en la batalla de Beotíbar en el año 1321, hecho por el que estas armas fueron concedidas al linaje por el Rey Alfonso XI.



2) 2) El escudo de Loyola, con la olla colgada de las llares y flanqueada de dos lobos rampantes, que son las armas que aparecen sobre la puerta de la Casa Torre.

La simbólica heráldica muchas veces no tiene un significado preciso y, en otras ocasiones, lo esconde celosamente. De todas formas, los lobos suelen ser interpretados como emblema de agresividad y astucia guerreras.

De la olla se dan dos interpretaciones. Una, indica que el que la ostenta en su escudo es capaz de poner en pie de guerra y sustentar por su cuenta una mesnada, un cuerpo armado. Otra, que es alguien que ha conquistado una fortaleza entrando hasta su mismo corazón, hasta su cocina.

(*) El nombre de Oñaz viene de una antigua casa solariega que surgía de la loma de Oñazmendi desde el siglo XII, tiempos en que era señor de la casa Lope de Oñaz, abuelo de Ignacio.

I.- Juan Pérez de Loyola, padre de siete hijos varones, entre ellos
1.- Gil López de Oñaz.
2.- Juan Pérez de Oñaz, que sigue (II).

II.- Juan Pérez de Oñaz, fallecido quizá antes de 1350. Este Juan Pérez sería el nombrado en leyendas como Jaun Juan Pérez, que batalló en Beotibar, o al menos en tierras límites con Nafarroa, acompañado por Gil López de Oñaz, su hermano, y cinco hermanos más, todos hijos de Juan Pérez de Loyola.

IV.- Beltrán Ibáñez de Loyola, nacido en el siglo XIV. Era señor del solar antes de 1378. Del bando oñacino. En el año 1394 Enrique III le cedió el patronazgo de la iglesia de Soreasu, la iglesia de Azpeitia, San Sebastián de Soreasu, que había pertenecido a los templarios hasta que en 1308 pasó a manos del rey Fernando IV; éste dio el patronato de la misma al concejo de Azpeitia, y en el año 1394 el rey Enrique III lo pasó al señor de Loyola con todos sus derechos.

IV.- Beltrán Ibáñez de Loyola, nacido en el siglo XIV. Era señor del solar antes de 1378. Del bando oñacino. En el año 1394 Enrique III le cedió el patronazgo de la iglesia de Soreasu, la iglesia de Azpeitia, San Sebastián de Soreasu, que había pertenecido a los templarios hasta que en 1308 pasó a manos del rey Fernando IV; éste dio el patronato de la misma al concejo de Azpeitia, y en el año 1394 el rey Enrique III lo pasó al señor de Loyola con todos sus derechos.

Casó Beltrán con Ochanda Martínez de Leete. El 15-III-1377 recibió juro de heredad de dos mil maravedís del rey Juan I. Edificó nuevamente la Casa-Fuerte de Loyola. Testó en 1405, ordenando

“que aya y herede la Casa-Fuerte de Loyola... e la de Oñaz, e monasterio de Soreasu, e las mercedes del rey con las ferrerías de Barrenola e Aranaz”... su hijo Juan.

Beltrán Ibáñez y Ochanda fueron padres de

1.- Juan de Loyola. Falleció sin descendencia, creo que muy joven, y heredó su hermana.
2.- Sancha Ibáñez de Loyola, que sigue (V).

V.- Sancha Ibáñez de Loyola casó con Lope García de Lazcano. Los bienes que formaron el patrimonio de los Loyola se fueron acumulando en el tiempo a través de compras y herencias. La primera compra de la que hay documento es la realizada por este Lope García de Lazcano el 28-IV-1419. Lope testó en 1441 en Salvatierra de Iraurgi (Azpeitia): “por quanto yo tengo por compra la casa e casería de Leete...”. Sancha Ibáñez testó en 1464. Fueron padres de

1.- Juan Pérez, primogénito, que sigue (VI).
2.- Una hija que casó con Juan de Oyanguren.
3.- Beltrán Ibáñez.
4.- María López.
5.- María Veiraça, que casó con Martín García de Anchieta.
6.- Ynesa, que casó con Juan Ochoa de Emparan.

Doy Fe

Prof Dr Carlos Gustavo Lavado Ruíz y Roqué Lascano
Prepósito General Orden Caballeros de Su Santidad el Papa
"San Ignacio de Loyola