viernes, 31 de marzo de 2017

MALVINAS EQUIPO DE COMBATE GUEMES - YouTube ENFRENTA AL DESEMBARCO BRITANICO CON HEROICO DESEMPEÑO. RELATO ...


Prokofiev sonate n3 Natasha Roqué Alsina.







Née dans une famille de musiciens, Natasha Roqué Alsina commence le piano dès l’âge de quatre ans. Après avoir travaillé avec Carine Zarifian et Romano Pallottini, elle intègre en 2008 à l’unanimité le Conservatoire National Supérieur de Musique et de Danse de Paris dans la classe de Theodor Paraskivesco puis de Nicholas Angelich (assistant Franck Braley). Elle y obtiendra sa Licence de piano, ainsi que de musique de chambre (dans la classe de Claire Désert) et de direction de chant (classe d’Erika Guiomar). 

Elle poursuivra à partir de 2012 ses études à la Haute École de Lucerne dans la classe de Konstantin Lifschitz, chez qui elle obtiendra un premier Master (première nommée), avant de continuer par un Master de soliste. Tout au long de son parcours, Natasha a eu le privilège de recevoir les précieux conseils de son père, ainsi que de nombreux musiciens rencontrés lors d’académies et de master-classes, tels que Menahem Pressler, Jean-Claude Pennetier, Hamish Milne, Anne Queffelec, Avedis Kouyoumdjan, Robert Levin, Gábor Csalog, Péter Nagy, Johannes Meissl, Anita Mitterer, le Trio Wanderer, Florent Boffard, Christian Ivaldi, Jean-Claude Vanden Eynden, Tuila Hakkila, etc. 

Elle se produit régulièrement en concert en France et à l’étranger, dans des salles telles que la Salle Adyar, la Salle Cortot, la Salle Rossini, l’Hôtel de Soubise, l’Hôtel des Invalides, le Musée Debussy, le Musée des Invalides, le Théâtre du Chesnay, le Théâtre de Maison-Alfort, le Theater Pavillon (Suisse), ainsi que l’Institut Montana et le Centre culturel de Saint-Gallen ; mais est aussi invitée à donner des concerts dans des festivals tels que la Roque d’Anthéron, le Festival des Nuits Pianistiques (Aix-en-Provence), la Route des Alpilles, le Festival Marinaro, le Festival Balingen (Allemagne), le Festival des Ravéliades (Ciboure), ainsi que lors du Concert des lauréats de l’Académie de duo de Lausanne, et du Concert des lauréats de l’Académie Ravel (Saint-Jean de Luz), à l’occasion duquel elle gagnera le Grand Prix Ravel de la ville de Ciboure. Elle passe à diverses occasions en direct sur France Musique, ainsi que sur la Radio Télévision Suisseespace 2. 

En soliste avec orchestre, on a pu l’entendre dans le Concerto n°1 de Beethoven (orchestre de Saint-Maur), le Concerto n°1 de Chopin (Orchestre de chambre de Lucerne), le Concerto n°3 de Beethoven (Orchestre du Conservatoire de Lille et Orchestre d’Aix en Provence), et le Concerto K. 491 de Mozart (Argovia Philharmonic-Suisse). 

Elle est lauréate de plusieurs concours internationaux, dont le 1er prix du Concours Yamaha (2008), le 2e prix de la FNAPEC (2011), le 2eprix Edwin Fisher (2011), et le 1er prix de la bourse Hella Siegrith (2013, 2016). Natasha a fait ses débuts au KKL de Lucerne en juin 2016 dans le Concerto n°2 de Rachmaninov avec le LSO (Lucerne Symphony Orchestra) sous la baguette de James Gaffigan. Parallèlement, Natasha porte un intérêt particulier à l’enseignement auquel elle consacre une partie de son temps, ainsi qu’à l’accompagnement. 

Biographie mise à jour le 08/02/2017.


miércoles, 29 de marzo de 2017

Dice Juan Ángel Russo, que las letras del tango “Shusheta” fueron inspiradas por el Payo Roqué un gran Don Juan del Buenos Aires de ayer. Engalanó la puerta del Jockey Club, en el ojal siempre llevaba un clavel.






Don Benjamín "payo" Roqué Riera 
tío abuelo del Comandante Gran Maestre


El Jockey Club es un club de la ciudad de Buenos Aires, Argentina, fundado el 15 de abril de 1882 por Carlos Pellegrini y un grupo de "caballeros representativos de la actividad política y económica del país", siendo uno de los más tradicionales de Argentina, con prestigio a nivel mundial por su actividad turfística. 

En 2016, contaba con 7600 socios, todos hombres, miembros de una élite. 

A partir de 1880 la República Argentina acometió su definitiva organización como nación bajo la guía del lema paz y administración, que caracterizó la primera presidencia del General Julio Argentino Roca (1880-1886). 

Ante los hombres que formaban la clase dirigente del país -los de la célebre Generación del Ochenta- se abrió entonces un campo propicio para las realizaciones institucionales. Mucho era lo que había por hacer en el ámbito administrativo oficial, pero también mucho lo que podía y debía hacerse en la esfera privada, tanto desde el punto de vista social como cultural. 

El Jockey Club de Buenos Aires, fundado el 15 de abril de 1882, surgió precisamente de ese contexto de euforia creativa. Su impulsor más decidido y primer presidente fue el Dr. Carlos Pellegrini, secundado en la empresa por un entusiasta conjunto de caballeros representativos de la actividad política y económica del país. La idea que los animaba era la de dar origen en nuestro medio a una entidad capaz de organizar y regir la actividad turfística nacional, hasta entonces fruto de emprendimientos dispersos y poco redituables, pero que al mismo tiempo fuera un centro social de primer orden, similar a los mejores clubes europeos que todos ellos habían conocido durante sus viajes por Francia e Inglaterra. Ambas premisas quedaron enunciadas claramente en el artículo primero del Estatuto de la institución, que expresaba que el Jockey Club sería un centro social, pero también una asociación que propendería al mejoramiento de la raza caballar. 

La vida social del Jockey Club, durante sus primeros años, se desenvolvió en distintas residencias alquiladas, todas ellas ubicadas en la zona céntrica de la ciudad de Buenos Aires, pero una nómina societaria en constante aumento pronto aconsejó la edificación de una sede propia, que estuviera en un todo de acuerdo con la creciente jerarquía que el club había alcanzado en su etapa germinal. 

Un paso capital al respecto se tomó en 1888, cuando se adquirió un predio en la calle Florida entre Lavalle y Tucumán, ubicación inmejorable del Buenos Aires de fines del siglo XIX. Después de llamar a concurso de proyectos, las autoridades del Jockey Cllub resolvieron la inmediata iniciación de las obras, según planos del arquitecto austríaco Manuel Turner. Durante el proceso constructivo, que se extendió por nueve años, el programa original fue completamente modificado, firmando la obra definitiva el ingeniero argentino Emilio Agrelo. 

Una soberbia fachada sobre Florida, impactante recepción y escenográfica escalera; suntuosos salones, vasta sala de armas y acogedor comedor; sus elegantes características contribuyeron para que, desde el momento mismo de su inauguración, el 30 de septiembre de 1897, el palacio del Jockey Club se transformara en el centro predilecto de la actividad social más encumbrada de la ciudad. En su moblaje y adorno tuvo mucho que ver Carlos Pellegrini, quien se ocupó personalmente del arreglo definitivo de la casa hasta en sus mínimos detalles, contando para ello con la colaboración de Miguel Cané, que desde París, donde cumplía funciones como ministro argentino, remitió los lujosos cortinados, las espesas alfombras, las panoplias, las arañas de finísimo cristal e incluso los faroles para el frente del edificio. 

Con el correr del tiempo la casa sufrió diversas modificaciones. Ante todo se adquirieron varios solares vecinos, posibilitando la ampliación de las instalaciones y la construcción de un edificio anexo para las oficinas administrativas. Sucesivas reformas, llevadas a cabo en 1909 y en 1921, permitieron adaptar los salones a los cambios producidos en las modas y en el gusto, a la vez que, con asesoramiento especializado, se formó una valiosa colección artística, en la que se destacaban pinturas firmadas por Louis-Michel Van Loo, Goya, Bouguereau, Corot, Monet, Sorolla, Anglada Camarasa, Fantin-Latour, Carrière y Favretto. Junto a las de los artistas extranjeros también lucían numerosas telas de maestros argentinos como Sívori, Gramajo Gutiérrez, Bermúdez, Quinquela Martín, López Naguil, Fader, Cordiviola y Aquiles Badi, formando el conjunto una verdadera galería de arte, que algunos socios del Jockey Club no vacilaban en considerar como "nuestro pequeño museo". Por el lujo de sus salones, por su magnífica biblioteca permanentemente enriquecida y por el prestigio de su colección artística, el palacio del Jockey Club fue ambiente privilegiado para aristocráticas recepciones, y en él también se acostumbraba agasajar a los visitantes ilustres que arribaban a Buenos Aires. La nómina de quienes ingresaron por su pórtico de honor entre 1897 y 1953 incluye presidentes extranjeros como Campos Salles del Brasil y Pedro Montt de Chile, y miembros de la realeza europea, como la Infanta Isabel de Borbón, el príncipe Enrique de Prusia, el Duque de los Abruzos y el Príncipe de Gales (más tarde Eduardo VIII), pero también hombres representativos de la vida política y cultural internacional, como Georges Clemenceau, Theodore Roosevelt, Guillermo Marconi, Anatole France y Santos Dumont. 

Por entonces, el Jockey Club disputaba su prestigio con el Club del Progreso, el otro destacado club de la élite porteña. 

Los hipódromos de Palermo y San Isidro y el Campo de Deportes 

En lo que respecta al papel rector que se deseaba asumir desde el punto de vista hípico, ya en 1883 el Jockey Club tomó a su cargo la administración del Hipódromo Argentino, que existía desde mayo de 1876, implantando un nuevo reglamento de carreras que pronto tuvo validez en todo el territorio nacional. La creación del Stud Book (registro genealógico de los animales de sangre pura de carrera introducidos o nacidos en el país) completó la serie de importantes medidas iniciales que, muy pronto, comenzaron a dar promisorios frutos. 

Hacia 1907 el Jockey Club encaró completas reformas en el hipódromo, que estuvieron a cargo del arquitecto Louis Fauré Dujarric. Las nuevas instalaciones fueron inauguradas en 1909, adquiriendo entonces el circo palermitano el aspecto elegante que aún hoy presenta, a excepción de ligeras modificaciones producidas con el correr del tiempo. Su renovada apariencia se lució en las carreras especiales que se dispusieron para celebrar Centenario argentino de la Revolución de Mayo en 1910, oportunidad en la cual el Jockey Club desplegó un nutrido programa de premios de relieve internacional. 

Pero el gran emprendimiento hípico encarado por el Jockey Club consistió en la construcción de un nuevo y moderno Hipódromo de San Isidro en San Isidro, al norte de la capital. Con ese fin se adquirió una extensa fracción de tierras -aproximadamente 316 hectáreas-, operación que quedó formalizada el 5 de abril de 1926. Construido de acuerdo con los conceptos más modernos en la materia y dotado de soberbias pistas con un recorrido oval de 2.738 metros, el Hipódromo de San Isidro fue inaugurado el 8 de diciembre de 1935. Pistas de entrenamiento, boxes y un hospital veterinario completaron con el tiempo las instalaciones a las que rodean magníficos parques. 



En esas tierras también se construyeron dos canchas de golf de 18 hoyos cada una -la colorada y la azul- diseñadas por el especialista Allister Mckenzie, que fueron abiertas al público en 1930. En 1940 se comenzó allí la construcción de un soberbio edificio social de estilo inglés, el Club House del Golf, y ese mismo año se inauguraron las dos primeras canchas de polo de un total de siete con las que se cuenta actualmente. Piletas de natación para mayores y niños y canchas de tenis y fútbol constituyen el área deportiva al aire libre que también se estableció en el inmejorable paisaje de San Isidro. 

Luego de pasar a manos del estado en 1953, durante el peronismo, tras varios traspasos en 1978 el hipódromo quedó a cargo del Jockey Club. El resto del predio fue donado por Lotería Nacional al Jockey Club en 1977 por decreto del presidente de facto Jorge Rafael Videla. El Club dotó de importantes adelantos tecnológicos que, desde entonces, permitieron desarrollar la intensa y lucida actividad hípica con la que el Jockey Club lleva adelante el postulado inicial de su Estatuto. 

Proyección social del Jockey Club. A lo largo de su trayectoria, el Jockey Club no solo prestó atención a la vida social y al desarrollo del turf. También colaboró económicamente con organismos oficiales como la Dirección de Remonta del Ejército, cumpliendo además una importante función benéfica por medio de múltiples donativos a instituciones educativas y de bien público. En 1929 esas preocupaciones fructificaron en la construcción de una escuela y jardín de infantes modelo en su tipo, de cuyo financiamiento y administración se hizo cargo el Club hasta 1953. [cita requerida]Premios estímulo a la creación artística y literaria fueron también otras formas -no menos importantes- de proyección del Jockey Club hacia la comunidad. 

La segunda época del Club y la actual sede social. Alrededor de medianoche del 15 de abril de 1953, en un contexto de irracionales pasiones políticas, los peronistas incendiaron y destruyeron el palacio del Jockey Club de la calle Florida. La casi la totalidad de su patrimonio artístico se perdió debido al incendio. Pocos días días después el presidente Juan Domingo Perón disolvió el Jockey Club. 


Manuel Anasagasti, ex presidente del Jockey Club, contó que entre los bienes robados antes del incendio había partidas de vino con sello y número de catálogo del club. Tiempo después una de esas partidas fue rematada por el Banco Municipal y se aprovechó a recuperarla mediante su compra y cuando se pusieron en venta los bienes de Perón luego de su caída también volvieron a comprar en remate otra de esas partidas que los incendiarios habían obsequiado a Perón como trofeo de guerra. 



Actual sede social, sobre la Plaza Carlos Pellegrini. Fue adquirida en 1958, y expandida en 1966 y 1981. La nueva etapa del Jockey Club se inició en 1958, cuando recuperó su personería y tuvo como escenario una residencia que había pertenecido a la familia Estrugamou y estaba ubicada en la calle Cerrito 1353. La casa fue adquirida con sus muebles, alfombras, arañas y obras de arte y se la adaptó para las actividades del club con el asesoramiento del arquitecto Alejandro Bustillo. Aunque de menores dimensiones que la sede de la calle Florida, cumplió sobradamente con los requerimientos de la entidad durante aquel tiempo de transición. 

En 1966 se adquirió el edificio de la avenida Alvear 1345, una de las mansiones más suntuosas de entre las construidas en Buenos Aires a fines del siglo XIX, cuyo frente, para mayor significación, se abre sobre la Plaza Carlos Pellegrini en la que se erige el monumento a Pellegrini, el preclaro fundador del Jockey Club. 

Las complejas tareas de reciclaje, a cargo del estudio de los arquitectos Acevedo, Becú y Moreno, permitieron que en noviembre de 1968 el Jockey Club abriera nuevamente sus puertas en una casa de gran clase, dotada de todas las comodidades necesarias para su mejor funcionamiento. Se respetaron los ambientes de la recepción, tal como eran cuando aún vivía allí su antigua propietaria, doña Concepción Unzué de Casares, pero todo el resto de la casa sufrió un completo proceso de transformación. Se volvió así a disponer de amplias dependencias, un vasto comedor, una cómoda sala de armas y una inmensa biblioteca. Volvieron a colgar de los muros pinturas de firmas reputadas y a llenarse de voces los lujosos salones. Se volvió también a discutir sobre turf y otra vez se realizaron reuniones culturales. En fin: el Jockey Club volvió a adquirir el antiguo y tradicional esplendor que lo había caracterizado desde sus años iniciales, instalado en uno de los recodos más distinguidos de Buenos Aires. 

En 1981 el espacio social de la Avenida Alvear se vio notoriamente engrandecido con la adquisición de una residencia anexa, con frente sobre la calle Cerrito, que antes había sido de la familia Sánchez Elía. Se integraron ambas casas a través de sus respectivos jardines, se agregaron nuevos y relucientes ambientes y la sede del Jockey Club alcanzó entonces su máxima prestancia; la misma que hoy se despliega, con cotidiano deslumbramiento, ante los socios que la visitan y que ingresan en ella bajo la mirada alerta de la Diana de Falguière que, salvada del incendio de 1953, sigue custodiando las puertas del Jockey Club como lo hizo siempre, desde su inauguración, en la recordada sede de la calle Florida. 

Autoridades. Debido al fallecimiento del presidente Enrique Olivera estas son las nuevas autoridades del Jockey Club

PRESIDENTE Miguel E. Crotto Sojo 
SECRETARIO GENERAL Emilio Daireaux 
TESORERO Federico Eijo de Tezanos Pinto 
COMISIÓN DE CARRERAS PRESIDENTE Pablo Eduardo Piffaretti 
SECRETARIO Miguel Correa Rawson 
VOCALES Iván Rafael Ayerza, Juan Carlos Echeverz José Carlos Jaime Carlos Mackinlay Enrique José Olivera J. Jorge Orozco Echeverz Fernando José Peña 
COMISIÓN DEL INTERIOR PRESIDENTE Guillermo M. Alvarez Fourcade 
SECRETARIO Carlos Alvarado 
VOCALES Carlos A. Barbosa Moyano Ricardo Cavanagh Eduardo Norberto Cermesoni Fernando Ibarzábal Raúl L. Pizarro Posse Manuel A. M. Sarrabayrouse Ricardo Zuberbühler Anchorena VOCALES SUPLENTES Roberto Gache Pirán Hernán Maurette Luis C. Montenegro Rafael Jorge Zemborain

SIEMPRE EL BRAVO SALTEÑO...D.MARTÍN MIGUEL DE GUEMES. LA BATALLA DEL TUSCAL DE VELARDE. 29 de marzo de 1814.



“Grl Don Martín Miguel de Güemes 
Héroe de la Nación Argentina”

A la mañana del 29 de marzo de 1814, el coronel realista Saturnino Castro salió de la ciudad de Salta al mando de ochenta hombres de lo mejor del Regimiento de Partidarios. Esto es lo que quería Güemes, pero Castro, advertido por su experiencia como salteño de los peligros de esa naturaleza de suelo, comenzó a recelar, parando la marcha en el campo de Velarde. Al ver Güemes que Castro detenía sus hombres cambió de plan y dispuso el ataque. 

Al grito de: “A la carga muchachos”, los gauchos se lanzaron sobre la línea de sus enemigos. 

Los realistas no pudieron resistir la carga gaucha y volvieron grupas hacia la ciudad con su jefe en medio de ellos. Gorriti lanzó su caballo sobre Castro, y lo tuvo a su alcance, pero Castro escapó milagrosamente. Realistas y patriotas cruzaron el río Arias y entraron combatiendo a la ciudad donde los primeros pudieron resguardarse. Este triunfo no le costó a Güemes ni una baja, mientras que los realistas tuvieron cuarenta y cinco prisioneros, más armas y caballos que quedaron en poder de los salteños. 

El 1º de abril, el general San Martín informa al Directorio desde Tucumán, lo siguiente:

“El plausible resultado del ataque a la brusca emprendido por el valeroso don Martín Miguel de Güemes el 29 del próximo pasado a distancia de una legua de la ciudad de Salta con sus paisanos”. 

En mérito a esta acción es que Güemes es ascendido al grado de Teniente Coronel el 9 de mayo de 1814.


Don Carlos Gustavo Lavado Ruíz y Roqué Lascano Ph.D. Lazos familiares con el General Don "Martín Miguel de Güemes". i. ISAAC3 ROQUÉ GÜEMES, b. 1846, Córdoba, Córdoba, Argentina; d. 29 de marzo 1920, Córdoba, Córdoba, Argentina. 10. ii. ENRIQUETA ROQUÉ GÜEMES, b. 1847, Córdoba, Córdoba, Argentina. iii. CONSTANCIA ROQUÉ GÜEMES, b. 10 1849, Córdoba, Córdoba, Argentina; m. PABLO C BELISLE, 09 Jun 1892, Córdoba, Córdoba, Argentina; Matrimonio: Nuestra Señora del Pilar 

BAJO LA CRUZ O ASPA DE BORGOÑA COMBATIÓ MI ABUELO CHOZNO EN LAS INVASIONES INGLESAS.


Don José María Rojas Argerich, Guerrero de la Independencia argentina. Cabo en primer escuadra del Regimiento de Patricios, combatió en la primera y segunda invasión inglesa.





Tras el matrimonio de Juana I de Castilla, hija de los Reyes Católicos, y Felipe "el Hermoso", el archiduque de Austria, se adoptó un elemento común para las banderas españolas de la época, la Cruz de Borgoña. 

Primogénito de Maximiliano I, Sacro Emperador Romano y de María de Borgoña, Felipe el Hermoso ostentaba la Cruz o Aspa de Borgoña en los uniformes y banderas de su Guardia Borgoñona pues esta cruz representaba a su madre. 

Una vez se convirtió en Felipe I de Castilla este emblema pasó a ser el más reconocible de la nueva nación española. 

Esta enseña es una evolución de la Cruz de San Andrés en la que los troncos que forman la cruz aparecen con sus nudos en los lugares donde se cortaron las ramas, y representa el martirio de este apóstol.

Según la leyenda, San Andrés fue crucificado en Patrás, capital de la provincia de Acaya, Grecia, en una cruz en forma de aspa y allí estuvo padeciendo durante tres días, los cuales aprovechó para predicar e instruir en la religión a todos a los que se le acercaban. 

La repentina muerte del rey flamenco y la supuesta locura de Juana llevarían al jóven Carlos de Habsburgo a ocupar el trono español y se ciñera la corona de Emperador del Sacro Imperio lo que, sumado al resto de la herencia territorial que recibió,le convirtió en uno de los soberanos más poderosos de la Historia. España iniciaba así su etapa imperial llevando a los Tercios Viejos españoles y su bandera a desangrarse en las guerras de medio mundo y convertir al aspa roja en el símbolo del Imperio. 

Se dice que esta bandera Imperial fue sustituida debido a que se parecía a la bandera de Inglaterra y los barcos españoles eran atacados porque eran confundidos con barcos ingleses. 

La Cruz de Borgoña ha sido incluida en los escudos de armas y en las banderas de España desde 1506, fecha en la que llegó a España Felipe el Hermoso. Aunque ha desaparecido del Escudo de Armas del Rey de España en el reinado de Felipe VI y de su estandarte, muchas banderas, guiones y estandartes actuales del Ejército español siguen presentando este estandarte en ellos. Un claro ejemplo lo constituyen los guiones y estandartes de la Guardia Real.


lunes, 27 de marzo de 2017

El Señor Presidente de la República Argentina, Ing Don Mauricio Macri Caballero Gran Cruz de la Orden del León Holandés, fue embestido por el soberano holandés Gran Maestre.








El Presidente recibió este honor en el banquete de gala que se celebró en el Palacio Real esta noche, con motivo de la visita oficial que realiza en Holanda. 

Se trata de la orden civil (hay también órdenes militares) más antigua de los Países Bajos y la condecoración consta de dos medallas: la insignia, un género azul y dorado del que pende una Cruz de Malta en esmalte blanco, rodeada de una filigrana de oro y con perlas en las puntas, con el monograma W (del rey Guillermo I, fundador de la Orden) entre los brazos de la cruz, que tiene en el centro un medallón en esmalte azul, con el lema "Virtus Nobilitat" ("La virtud ennoblece") y en el reverso el león del escudo holandés; la placa es una cruz blanca igual a la insignia, solo que engarzada en una cruz de oro.

La Orden del León Holandés se creó hace más de dos siglos por una ley del 29 de septiembre de 1815. Se concede a personas que realicen un servicio excepcional para la sociedad y se pueden otorgar en tres grados: Gran Cruz, reservado para miembros de familias reales, jefes de Estado, primeros ministros y cardenales, Comendador, para los artistas, escritores y laureados por el premio Nobel, y Caballero. Otros condecorados con esta misma insignia son: el emperador Akihito de Japón, el premio Nobel de la Paz Kofi Annan, Winston Churchill y la reina Máxima, quien recibió la Gran Cruz el día en que se convirtió en esposa del rey Guillermo Alejandro (por entonces príncipe). 

Por eso, tal como podemos ver en las imágenes de la gala que se celebró esta noche en el Palacio Real, la reina también ostenta las mismas medallas que su marido y que su invitado argentino. Por su parte, Juliana Awada recibió un sash o banda color amarillo oro que significa su pertenencia a una orden de mérito por su rol como primera dama argentina y en honor a su visita a Holanda.